domingo, 27 de marzo de 2011

Parejas de Éxito

Hola Amigos, hoy es nuestro décimo artículo y me alegra creer que estamos todos aprendiendo una nueva forma de ver la vida y de salir de las zonas imprósperas en las que nos enganchamos. Estas zonas tienden a repetirse periódicamente si no tomamos conciencia de ellas y si no nos responsabilizamos de las mismas. Un ejemplo sería aquella persona que siempre rompe con su pareja y que nunca encuentra un vínculo o relación estable. Otro ejemplo también podría ser una permanente relación de conflicto y confrontación con la pareja que tenemos.

He escogido el tema de parejas porque a través de esta relación es donde más se aprecia nuestro crecimiento y donde también más dificultades encontramos. Todos tenemos una zona oscura en nuestro mundo psíquico, y si no, que nos pongan a prueba y los veremos nítidamente. A esa zona yo la llamo “depredador” porque esta figura se encarga de destrozar o al menos intentar destruir todas nuestras relaciones o vínculos. Todos llevamos un “depredador” dentro. Es una estructura subconsciente (no consciente), por lo que si no estamos familiarizados con estos temas, no nos será fácil reconocer su presencia en nuestro interior.

Para entender a esta figura que no es sino una parte de nuestra estructura psíquica o mental y que si desconocemos nos arruinará la vida, hemos de entender básicamente que todos nos hemos quedado a medio crecer en muchos aspectos. Esto sucede no solamente cuando los padres han fallecido o se han separado, sino cuando estos mismos padres han llegado a su límite de entender su propio crecimiento. ¿Y por qué sucede esto? Porque los padres de nuestros padres también estuvieron muy escasos en esta “Escuela de Crecimiento”. Nadie les enseñó a entender sus propias emociones y nadie les animó a que creyeran en ellos mismos. Así, vamos pasando la pelota de una generación a otra, sin darnos cuenta de que han quedado lagunas insalvables que hacen que nuestra comunicación con nosotros mismos y con los seres que queremos se vaya perdiendo poco a poco. Y de forma repentina nos preguntamos: ¿qué extraña cosa ha ocurrido para que esta relación se tornara negativa? Esto en el mejor de los casos, ya que lo que solemos pensar es lo siguiente: “me he dado cuenta de que no conocía realmente a esa persona. Ahora descubro su verdadera cara”. Muchas veces, cuando sucede algo negativo con el otro, culpamos a ese ser de todo el problema. Esto hace que nunca nos hagamos responsables de nuestro crecimiento y así estaremos repitiendo, tarde o temprano, relaciones o vínculos de este tipo.

Algunos diréis ¿y qué culpa tengo yo de su miseria, de que me trate mal, de que me haga daño? Culpa ninguna, sí responsabilidad. He de preguntarme por qué he llegado con esa relación a ese callejón sin salida, cuándo empecé a tolerar pequeños menosprecios, cuándo no me asenté en una personalidad y un sentimiento de seguridad y valía en mí mismo/a? Es ahí donde aparece la figura de la niña/o interior herida y del depredador. Son nuestras zonas oscuras, son agujeros negros donde nos perdemos, donde obstruimos nuestra prosperidad debido a que el crecimiento quedó paralizado en esa zona.

Todo esto que os cuento amigos, no es teoría. Lo he podido tocar con mis propias manos durante años llevando terapias de pareja y terapias individuales.

Crecer en pareja es fantástico porque nos enriquece y nos ayuda a comprender que todos estamos entrelazados con los demás, que a los demás les afectan nuestros problemas y dificultades al igual que a la inversa. Esto se llama Crecimiento porque es “compartir”. Cuando  amamos a alguien se sufre pero también se disfruta profundamente de esa relación. Crecemos, avanzamos. La Vida no tiene sentido cuando nos estamos protegiendo constantemente del posible daño, porque eso es estar muerto.
Crecer en pareja es fantástico pero al conllevar muchas más dificultades, ya que se puede ver y tocar el “depredador” del otro,  avanzamos infinitamente más que si lo hiciéramos solos, ya que la pareja es el espejo de todos aquellos aspectos que ignoramos de nosotros mismos y él o ella nos los hacen ver. Así también nos podemos hacer conscientes de nuestro propio depredador y del daño que genera si no lo manejamos y no le proporcionamos el crecimiento que nos fue arrebatado en nuestros años de aprendizaje. Aprendimos no sólo con palabras sino con las actitudes de los depredadores de los demás.

Pero lo que no tiene sentido alguno, amigos, es permanecer constantemente sufriendo. El único posible sentido que tiene el sufrimiento es que tomemos conciencia de nuestras falsas creencias sobre nosotros mismos y sobre la Vida para que abandonemos definitivamente nuestra “zona oscura” y evolucionemos hacia un estado de verdadero éxito y bienestar.

Existen, muchas falsas creencias que acabarán con la pareja tarde o temprano porque generan dependencia de ella, encadenamiento y sufrimiento. Algunas de las mismas son:

-         Mi pareja me quitará el sentimiento de soledad y frustración que tengo con mi vida.

-         Mi pareja es un complemento a mi, es mi media naranja, sin ella estoy incompleto.

-         Mi pareja debe llenar mi vacío y mi soledad.

-         Sólo a  través de ella encuentro la libertad.

-         Su sexualidad es mía, me pertenece y la mía es suya. En otras publicaciones me extenderé (si lo deseáis) en explicar éste aspecto.

-         Somos “Uno” en el amor que nos une. Mi pareja tiene que ver la Vida de la misma manera y forma.

-         Mi pareja es mi único refugio.

-         Necesito que me apruebe, me entienda, piense como yo. Si esto no sucede estoy mal.

-         Necesito que mi pareja viva para mí y por mí. Lo demuestro en mi manera de reaccionar ante pequeños detalles.

-         Necesito que comparta todo conmigo.

-         Necesito ser la única/o para él/ella.

-         Necesito que mi pareja se encuentre en el mismo camino vital que el mío.

-         Es lo único que tengo y por eso somos “Uno”.

-         Vivo para él/ella; solo pienso en él/ella.


-         Mi pareja debería abandonar aquello que no me gusta porque me hace sufrir.

-         Debe darme gusto, placer, felicidad, llenar mis momentos de vacío.

-         Debe consolarme.

-         Debe pensar y creer como yo.

-         Debe renunciar a lo que sea por mí al igual que yo por él/ella.

El polo más opuesto a esta versión son aquellas personas con incapacidad de vincularse a una pareja, aquellas personas que no soportan el compromiso, que les da alergia. Es el caso de Juana en “La patata sabe de ti”. Se consideran muy independientes y creen que es una “elección” en su vida, cuando en la mayoría de los casos es un aspecto de falta de vínculos en su pasado auténticos que les aportaran cariño y confianza en ellos mismos. Muchas veces representa una huída del posible dolor que conllevó otra relación. No obstante, esto no significa que todos hayamos venido a este mundo a vivir las mismas experiencias y por tanto a tener pareja. Pero el problema aparece cuando no se puede tener, cuando nunca o casi nunca la persona ha podido vivir esta relación de pareja enriquecedora, o cuando de forma permanente se rompe, acaba tarde o temprano por circunstancias semejantes, haciéndola creer en su “mala suerte”.

En el compromiso se crece y se madura porque nos enfrentamos a negociar constantemente con los límites que el otro nos pone y con los que nosotros le ponemos al otro. Aprendemos a apostar por una relación y a escuchar lo que la pareja nos dice sobre nuestras zonas oscuras o sobre nuestro “depredador”. Si estamos abiertos y atentos aprendemos a amar, cosa que no nos enseñaron generalmente nuestros progenitores. Pero para que esto ocurra tenemos que matricularnos en la “Escuela de Crecimiento”, no ocurrirá sin más, por arte de magia.

¿Os acordáis que además de la figura del “depredador” en nuestra estructura psíquica también se encuentra la niña/o interior herida? Esta niña/o no quiere crecer, quiere todo para sí, no está dispuesta a compartir ni a ver o escuchar lo que le dice el otro. No sabe renunciar a un privilegio ni a un capricho, no cree en el otro, ni sabe dar sin recibir de forma inmediata. Tiene rabietas y pataletas en su forma de responder a los conflictos y pasa a ser la figura del depredador cuando le tocan sus zonas heridas. Desde ahí hace todo el daño que puede, destruye, aniquila la relación. Por supuesto no quiere crecer.

Con los años, si todo esto no se trabaja, las relaciones se hacen hostiles y la lucha de egos se hace insostenible: “Yo llevo razón, tú estás equivocado”, “me has engañado y pagarás por ello”, etc. Con esta mentalidad de pobreza respecto a nosotros mismos y respecto al otro, convertimos la relación en un intento de posesión doloroso y fallido. Con frecuencia aparece la “decepción” y la tristeza o el resentimiento. Y es entonces cuando muy pronto nos convertiremos en fracasados de la vida sin darnos cuenta que estamos repitiendo los patrones de aquellas figuras del pasado que quedaron grabados en nuestra mente subconsciente como generadores de pobreza.

Un aspecto sumamente importante en primer lugar es reconocer la rabia y saber de dónde proviene: de unas creencias sobre nosotros mismos y sobre la pareja que no son nuestras. Creencias inconscientes sobre nuestro merecimiento y sobre cómo acaban las relaciones. Creencias que nos llevan a la afirmación siguiente: "cuando acaba la etapa inicial puramente pasional por excelencia, acaba todo". A partir de ahí todo es desierto, todo se acaba, todo se torna oscuro, gris, doloroso.

Siempre en terapia hago ciertas preguntas a cada miembro de la pareja individualmente. Te propongo que te las hagas ahora. Algunas son: “cuando la relación se complica, ¿hasta dónde estarías dispuesto/a a trabajar por ella?”, ¿puedes confiar en tu pareja desde un lado más profundo a pesar de encontrarte en crisis?, ¿apostarías por creer que podéis salir del dolor y crecer?, ¿echas de menos volver a conectar con él/ella?, ¿estás dispuesto/a a cambiar tus puntos oscuros en la relación (depredador)?

Si entramos en una relación de pareja con grandes necesidades afectivas no cubiertas, si no hemos aprendido a amarnos y a estar a gusto con nosotros mismos, si no hemos mimado nuestros momentos de soledad sabiéndonos apreciar…, nos acercamos al posible fracaso en una relación tarde o temprano, especialmente cuando pasamos la barrera de la etapa pasional inicial.

En general todos estamos carentes de miradas de afecto y cariño y en la mayoría de los casos tenemos expectativas sobre la pareja que harán que se deteriore con el tiempo la relación.

Durante años he podido ofrecer cursos de habilidades de comunicación y he intentado que pudiéramos aprender a decir las críticas y los sentimientos de un modo constructivo, pero nada de esto tiene valor alguno cuando no estamos dispuestos a abandonar la zona de lucha y resentimiento, y éste aspecto ha de provenir de un cambio de actitud interno, de un cambio de nuestra estructura más profunda. De nada sirve saber que no es bueno para crecer acusar y juzgar al otro, si por dentro estoy lleno de odio. Lo seguiremos haciendo si no nos trabajamos por dentro.

Me quedan en el tintero millones de sugerencias que contaros, de ideas…, pero me estoy alargando cada vez más en mis artículos, así que terminaré haciendo unas conclusiones finales y hablando de nuestros protagonistas Álex y Mara.

Ideas de Éxito en la pareja:

-         Una pareja de éxito se logra cuando cada miembro está dispuesto a crecer y a valorar su propia libertad de elección y la del otro.

-         Es importante abrirse a saber que nuestra pareja puede elegir otras vías de crecimiento distintas a las nuestras, no tienen por qué ser las mismas. Respetarlas es una clave de riqueza.

-         Mi pareja puede ver las circunstancias y las relaciones de otro modo al mío y eso no significa que uno de los dos esté equivocado.

-         No tengo que llenar sus vacíos ni sus necesidades, al igual que él/ella tampoco los míos.

-         Todo lo que compartimos es un “milagro” que agradezco de forma profunda, en lo que nos encontramos separados aprendo a crecer por mí mismo/a.
-         No soy poseedor de su energía vital, ni de su energía sexual, ni de su vida.

-         No soy poseedor de sus relaciones.

-         Mi pareja no ha venido a mí a satisfacerme. Soy yo el encargado/a de proporcionarme bienestar. Si en algún momento lo compartimos será fantástico.

Aquí podríamos aplicar la Fórmula del Éxito de la entrega anterior. Lo más vital sería desprendernos de viejas estructuras de pobreza, abrirnos a lo nuevo y tener la intención firme de “estar presente” ante la intención de seguir creciendo y compartiendo con nuestra pareja ese crecimiento.

Es posible que al iniciar su relación, Álex y Mara tuvieran un proyecto inicial conjunto, una misma gama de sentimientos y sensaciones. Luego, el camino se bifurcó y comenzaron a dudar de su relación. Posteriormente, bajo el silencio y la incomunicación pasaron al odio y al resentimiento. Su relación se convirtió en una lucha de egos, cada uno a su manera. Mara, ridiculizándole constantemente ante sus dos amigas sacó su rabia, y Álex siendo agresivamente pasivo ante la demanda de cambio de su todavía pareja.

Pero ¿por qué muchas parejas mantienen este estado lastimoso de forma constante en sus vidas? ¿Por qué personas como Berta y Juana (amigas de Mara), no son capaces de poner fin a un sufrimiento tan continuo y permanecen enquistadas en relaciones de dolor? Aquí aparece como respuesta a estas preguntas sus “sistemas de Creencias”, por supuesto su sistema de creencias negativas, tan poderosas como una fe que mueve montañas.

Acabo por hoy queridos amigos. Os espero y espero que os vayáis animando a enviarme vuestros comentarios sobre lo que os gusta, lo que os anima, lo que no entendéis, lo que no estáis de acuerdo, etc. Deciros que para hacer más fáciles nuestros encuentros fijaré dos días a la semana como entrega de artículos, para que tengáis tiempo de meditar sobre ellos y para que podáis seguirlos. Estos días serán los lunes y los viernes, al principio y al final de la semana. Un gran abrazo a todos y ¡SEA COMO SEA, SEGUIMOS CRECIENDO Y PROSPERANDO MÁS Y MÁS!!! Hasta muy pronto y abriros a lo nuevo, yo estoy en ello cada día.
                                                   Mayte Pascual.

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